Viajes en coche.

Las nueve de la noche marcaba la hora exacta, después de haber caído el día tras las montañas de Betancuria, para prepararnos e ir a buscar a mamá a su trabajo.

El viaje duraba media hora en el Ford de papá. Era el coche más bonito que nunca haya podido imaginar y un auténtico parque de bienestar cuando nos juntábamos los tres hermanos.

Después de la rotación para ver quién iba delante, de copiloto, marca de agua del auténtico niño adulto, nos situábamos obedientes cada uno en su sitio. La verdad que cada lugar tenía su aquel. La parte trasera, era inmensa y cabíamos dormidos los tres sin apenas molestarnos demasiado, a medida que pasaban los minutos se convertía en una cuna que mecía nuestros cuerpecillos llenos de risas y de fiesta. El sitio del copiloto tenía magnificencia. Los cassettes los controlaba el “copi” esa semana convertido en un viejito pequeñito que hacía las veces de hermano mayor aunque la enana estuviera al frente, en el sillón delantero. Se convertía en el pinchadiscos de la música particular de papá, Lucho  Gatica o el gran Antonio Machín.

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Casillas del Ángel avisaba de la reunión con Morfeo de los dos de atrás. Si yo hubiese sido el jefe de los que ponen nombre a las cosas le hubiera puesto ese nombre a todos los pueblos del mundo, pensaba. En cambio el conductor y su acompañante, aguantaban titanes hasta llegar a la entrada del hospital donde mamá nos esperaba sonriente, aunque en ocasiones se retrasaba debido a sus conversaciones de pasillo y largas despedidas con sus compañeras. Era tan linda como ahora, una bonita persona que no tenía enemigos. Creo que a las únicas personitas que ha levantado la mano han sido a nosotros, y digo más, creo que sólo a mí. Fui su enemigo de segundos cuando por buenos motivos intentaba darme alguna torta. Su ira se concentraba en una sola mano, la furia de los vientos y los siete mares alzada y cuyo castigo siempre arrebataban otros, como por ejemplo aquel día que me salvó de su nalgada, la mordida de un bardino de la vecina.

Una vez todos en el coche después de los achuchones y besos pertinentes, obligatorios, necesarios y ricos, podía apreciar cómo papá miraba a mamá de soslayo, con esos ojos de enamorado que siempre recordaré. Tras esos instantes de corazones de algodón en el aire y el inicio de conversaciones de adultos, aburridas para nosotros, nos encogíamos como cachorritos, ahora los tres hermanos, enroscándonos pegaditos.

Papá nos enseñaba tanto en esos viajes en coche sin darnos cuenta…sin darse cuenta. Él era un gran hombre, recto, correcto, que regalaba pocas risas a los ajenos pero con una sonrisa cautivadora para con los suyos. Viaje tras viaje dejaba caer que bien quiere el que mejor se respeta. Confiaba en su imponente estatura chiquita, en su saber estar, en su fortaleza de espíritu forjada en esas batallas legionarias que lo curtieron.

Un gran hombre, a un gran marido y al mejor padre del universo infinito y del más allá. Una frase que hubiera dicho aquel pequeñín orgulloso si Buzz Laightyear hubiera surgido en los ochenta.

Una frase que ahora mantengo y que gritaré fuerte para que allí donde esté sepa que me llevo lo más grande que alguien pueda enseñar y con la fortuna de poder haberlo sentido y poder seguir haciéndolo, el amor.

Gracias papá, por tanto y por aparentemente tan poco. Gracias por tus viajes en coche.

 

 

 

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4 respuestas a Viajes en coche.

  1. Andres dijo:

    Presioso dami,he sentido mucha nostalgia
    GRACIASSSS

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  2. Beny dijo:

    Qué bonito Damian, amigo. No tuve el gusto de conocer a tu padre, pero por lo que te conozco a ti, seguro que era una gran persona. Porque eso se huele, se nota, porque deja un rastro inconfundible, casi siempre, en sus hijos. Y tú, mayor corazón no puede caberte en ese espacio reservado para tan importante músculo. Creo que llevas de tu madre esa bondad y esas largas despedidas de pasillo… Eres grande y te mereces lo mejor.

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  3. Mariam dijo:

    Gracias Damian cada dia se q no me equivoque en ir a buscaros aquella tarde
    Tu familia resplandece por la unidad y el amor y la complicidad que los caracteriza
    Besos

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  4. Mery dijo:

    Recuerdos esas rutas como si fueran ayer… te quiero dami

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