Ni más ni menos.

Extravagancia, controversia, desaciertos, caprichos, Los Caprichos, Ni más ni menos, de la vida.

Él se enamoró tras conocerla en el Prado.

Ironías del día a día, contemplando la sátira que Goya hizo para combatir el absurdo y el vicio de la condición humana, cruzó su mirada con una mujer de tez triste que acompañaba a un hombre deleznable.

Paradojas consumadas, ella sumida en una relación de pareja de conveniencia, sin amor, sin sexo, el onanismo de un hombre sólo y la búsqueda de respuestas de ambos en las estampas del museo, coincidieron con fortuna para salvar sus corazones en espacio y tiempo.

Vicios, servicios de mujer, vanidad y hombría y la pereza de no creer en la valentía de su valía la congelaron durante unos cinco, ni más ni menos.

Bondades merecidas, tras conocerlo a él, y compartir confidencias, cafés bien entrada la mañana, quedadas a escondidas y lujuria de madrugada pudo coger aire, caminar descalza y saber que al final todo siempre sale bien.

Pero la sensatez de lo que toca, yéndose, lo rompió, confirmando su etiqueta de hombre de transición, caprichos de la vida.

Vaho chica

Y ni más ni menos, pasados mil días que le dieron calma y sosiego al creerla olvidada por hacerlo algunos segundos cuando dormía, volvió, ni más ni menos, reflejada en un mensaje antiguo impreso en el espejo oculto sin el vaho del agua caliente de la ducha que le decía: estás más bueno que el aguacate y el chocolate y menta. “Putabida”

 

 

 

 

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