Despacito

A las heridas, tiritas,

 y al alma, una nueva vida. 

Las bocanadas de aire más frescas son aquellas que envolvía en rayas blancas para aplacar su ausencia.

Tenerla cerca ya sólo era sólo sexo, un sorbo de agua en el oasis de su desierto seco.

Los dedos en la piel que habita.

Y Mima… y besa… pero despacito.

paciencia

Cuesta volver a confiar en manos ajenas incluso siendo las suyas las que ahora le tocan.

Las risas y las lágrimas con su ausencia son ahora amargas como el gusto que dejan las noches canallas si lo folla.

No se dio cuenta y moría en vida.

Pensándola, anhelándola, espera que cultivaba caprichosa tocando su puerta. 

Despacito lo curó… pero ese mismo tiento volvió a rasgar su ropa, ésa que volverá a remendar con paciencia y ojalá tras ella…ésta..ésta sea la última vez que suceda.

 

 

 
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Suerte de Marzo.

Lo que no me ha dado Marzo en estos casi treinta días, aun faltando uno, incluso dándole una tregua nueva de treinta y uno, no me lo dará jamás– quejándose se entristecía.

En la noche, entre vinos, mirándola tras la cortina, sin sobresaltos, ante el cruce de sus  miradas, pudo leer en los labios de la gitana  en la calle de su Señora de África , a principios de año, que algo magnífico le sucedería en Marzo.

Y la creyó.

¡Marzo decía! ¡ Una puta mierda!– decía él convertido en quejica profesional.

Yo veo y siento y vivo cosas como éstas sin que los demás me conozcan…sin que yo pueda mediar.

Pienso y siento y actúo para que ojalá llegue porque si no, no entiendo por qué escucho sin querer, a los demás.

La gitana me llamó con ese agitar de hierba huerto el día que le aventuró a aquél chico la buena nueva. Y desde entonces y hasta hoy, que se cumple el plazo, el jodido capullo no se había dado cuenta que su suerte ya la tenía incluso antes de aquel encuentro y por supuesto seguiría teniéndola después de aquel límite en la fecha.

Él era una persona afortunada.

Tenía familia de sangre y elegida, era rico de espíritu y de sonrisa, de pasión y vitalidad. Llenaba rincones vacíos y calmaba las tertulias guerreras siempre que se terciara. Música siempre, libros en la merienda, soledades elegidas y compañías más que lindas. Tenía la piel hidratada, el pelo alborotado y caminaba en cholas. Soñaba despierto y dormía tan Plácido como Domingo. Tenía café de Kenia, aguacates, gominolas, cerveza y agua. Se despertaba con el cantar de los pájaros en el lado izquierdo de su cama y con el multicolor de los geranios en la terraza. Era fallón, despistado, tozudo, gruñón, malhablado, tenía alergia a los ácaros, paticorto y patizambo…y más.

Era una persona afortunada.

Su fallo era que siempre se centraba más en lo ajeno para llenarse de felicidad y la esperaba a ella antes de finalizar Marzo cuando ni siquiera ni un rejo de las hojas de la sombra de las palmeras le rozaron nunca de veras su piel.

suerte

No importa el tiempo ni el lugar. Nunca será el adecuado, o tarde o muy temprano, o lejos o muy cercano, siempre que te dañes, si no te mimas, si no te cuidas, si no partes de tu interior para buscar esa suerte zarandeada de hierba buena aunque estés más bueno que el chocolate y la menta.

La suerte es tenerte, ni lo que tienes ni lo que perdiste o esperas, tu suerte, ni más ni menos, es, sólo, lo que eres.

 

 

 

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Isi, y si…

¡Isi…Isi! ¡joder! – lo saludó con lágrimas en los ojos y se abrazaron durante tanto tiempo que el llanto de ambos se secó al aire y terminó cuando las fuerzas de sus brazos se rindieron.

Néstor gracias…gracias por venir– le contestó después de tanto tiempo sin verse agarrándole la cara y dándose un beso.

isi, y si

En los alredores del tanatorio de Tejeda las flores de los almendros rompían de blanco a aquel atardecer ocre, el viento ausente dejaba paso al sonido dicotómico de las risas y los llantos por la muerte de su papá.

Lo único real era que el mismo día, en el mismo mes y hacía dos años, a Néstor también se le había muerto su mamá. Veintidós de Febrero del dos mis dos. Dos. Dos.

Néstor…le dije a papá que iba a ser abuelo…y durante sus meses de enfermedad él sonreía al imaginarlo porque se babeaba con Nani porque como decía él..”Nani era…¡guapa guapa! y gracias a ella Néstor mi nieta saldría como su mami: ¡guapa, guapa!”…jejeje…y nos partíamos de risa- se sinceraba entre sonrisas temblorosas de dolor.

Pero…Nani…tú…– dudó Néstor.

Sí, se fue en el peor momento…bueno…en el mejor momento…yo qué sé…se fue, se fue– se explicó apresurado Isi.

La vida pasa…y pasa de todo lo superfluo, de lo irrelevante, de lo insostenible, de lo controvertido, de lo difícil de explicar sin utilizar no más que las miradas, ese olor a támara o ese sexo con reverencias. 

La vida pasa…y pasa de aquellos y de ellas que ponen como excusas al tiempo, cuando no saben que coincidir cuerpo y alma,  con el reloj de arena en hora y entre tanta gente, es lo único que importa. 

isi, y si 2

– Pero Néstor, siempre papá creyó que iba a ser abuelo, porque como sabes, la verdad absoluta para él la daba sólo y sólo si se repetía dos veces la misma palabra, y yo le repetí mil veces por dos que iba a ser abuelito- seguía con la mirada chispeante contándome apasionado.

Sí, Isi, lo recuerdo. Recuerdo sus axiomas: feo, feo…era tarjeta roja, roja, roja…¿los Gigantes? eso es sur, sur, sur..– explicaba entre risas.

Y cuando hablaba de Nani…lechuza de luna llena, embrujo del sonido de las olas, olor a salitre, vaivén de las brasas del fuego…hablaba de: Nani, Nani guapa…guapa, guapa. Dos veces, y ratificaba lo que era. Lo que era- divagando seguían entre el tumulto y las controversias en el velatorio.

La vida pasa y lo única verdad absoluta que existe será aquella que te salga si la repites sin querer dos veces al viento, dos veces al viento. 

Prueba…

Nani, Isi, papá y Néstor hicieron de esta una bonita historia, una historia bonita. 

pd: ¿Isi, y si repetimos dos veces que nos queremos?

 

 

– 

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Carnaval

Un Martes…cedió su cuerpo previo al Miércoles de ceniza.

De noche secreta…le habló de ese sentido te quiero.

Deidad femenina,

firme como el acero.

 

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Un vino…de marmajuelo y malvasía en la copa color pajiza.

De disfraz vestía…sus ojos llenos de deseo como luceros.

El pecado pedía,

que ardieras en el fuego.

Pero…

…bien merece la pena aguantar el dolor de cabeza tras los saturnales,

gozoso, lujurioso, jocoso, gracioso tras sentirla por última vez cerca,

cabrona que me llena de sombras de palmeras

y su ausencia ahora con su cuaresma tras los carnavales.

 

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Música siempre.

Música para calmar las fieras o sacar la tuya
Música con lágrimas o risas, música y que fluya
Música siempre, banda sonora de día
Música siempre, ante las almas rendida.

Los dedos los colocó en Do mayor, apoyándolos en tres trastes redondeados de alpaca diferentes. La guitarra de ciprés como la del señor Lucía comenzó a sonar vergonzosa. A su dueño, apasionado aprendiz, pureta, brillante, rebelde y de buen ver le costó coger ritmo. Balbuceó sonriente entrecortado diciendo que acababa de aprenderse aquella pieza pero al conseguir ponerla a camino, la guitarra le dio claridad al hablar.

música siempre

Y la llamó.

El reclamo no fue el oír su nombre sino el escuchar la canción. Ella se abrió paso entre las tiras de colores de la cortina que separaba la cocina del patio andaluz, y con su cigarro, su diadema y su piel morena, su camisa suelta, su falda corta y sus piernas de pecado, descalza se sentó a la izquierda de la guitarra, en un cojín moruno.

Y comenzó a cantar.

Fue un unplugged improvisado del Lobo amigo del Club del río. Y si me dijeran que Ede era, lo hubiera creído. La miré con los ojos cerrados durante toda mi vida en aquellos tres minutos y medio de la canción. Se me erizó el alma y la piel se elevó por encima de los geraveles, se me olvidó respirar al escuchar ese equilibrio, esa voz de aguacate, de chocolate y menta, y aluciné con esos silencios, esos agudos, con ese canto de sirena.
Movía los brazos despacio, se arqueaba y regañaba su cara con su sonrisa y entonces cambiaba de color y de timbre de voz con esos falsetes en el estribillo. El sonido de la guitarra y su voz daban sentido a su ser.

Jamás la había escuchado cantar, jamás la había visto tan vigorosa y jamás mis sentidos nunca la sintieron tan libre y entendí entonces, que ese era su mayor secreto.

La guitarra paró y con ella mi latir. Supe desde ese momento que ella era música, y la música camina libre en el viento, por la vida, tras los años, firme y esplendorosa, y por eso jamás tras aquel concierto para tres, entre su padre y ella, nos volvimos a ver.

Música siempre y con ella, también.

 

Club del río & Ede – Lobo amigo

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Dos

Ya dos años y ojalá siguiera escribiendo tu número al revés.

Recuerdo que estuve más de una semana para sacar el rabito del dos, a los cinco, a imagen y semejanza del tuyo, de tu dos.

Recuerdo que estuve un fin de semana sin acampada para hacer un castillo con rotring  con doce,  todo un verano para aprobar estadística en la facultad y toda una eternidad esperando el cobijo de las palmeras y hoy cuando puedo con todo para presumir de mi para ti, bajo la sombra de las támaras y sin manchones, sólo puedo escribir bien…ese dos.

dos. la talega de pan

Un dos bien hecho no es más que eso, un dos, pero cuando de ti se habla ese número convertido en años se hace más pesado acercándose a indeterminado. Ojalá ese dos de tu aniversario se detuviera y yo siguiera viviendo, infinito, acercándonos a cero, y poder entonces crear con ese número tu presencia y poder de nuevo tenerte, otra vez de niño, con el dos del revés.

 

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A la altura

No sé si estar a la altura merece con tu ausencia

y si crecer aunque no sea de alto valga la pena.

Sigo pecando de bueno cuando creo que me ves por ese agujero que creaste en las noches de patio en el cielo y cuando no, me parto la realidad aun con el diablo en celo.

No sé cómo esperarte si se tan lejos se fue tu esencia

y ver estos dos años como unas mil decenas.

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Éramos tres hermanos y según las pintadas en la pared cerca del bastidor del salón, incluso el Sr Holmes, hubiera deducido que nos llevábamos poco entre ambos.

Las marcas de lápiz, bolígrafo o rotulador de color aún se veían tras el paso de tantos años en aquella casa vieja que nos vio nacer, crecer y nos enseñó a ser. Una marca seguida de un nombre, una fecha y de unos centímetros daba credibilidad al paso del tiempo. Eso sí eran arrugas contrastadas tras el paso de los años y no las actuales patas de gallo, estrías o canas, signos inequívocos del deseo de ser mayor y de alguna manera estar a la altura para ellos.

La pequeña vivió con los dientes picados y fue la más pequeñita de estatura siempre. Un chico de pelo negro y nariz afilada era nuestro hermano. En el año noventa incluso siendo el mayor midió diez centímetros menos que yo. Mis burlas llegaron al infinito y con el paso de los años he visto que me equivoqué al reírme.

Verme castigado al irte sin que supieras que, incluso siendo chiquito y ser complicado a la vista, tortura del que se mofa con antelación absurda, hoy me siento grande a sabiendas que dejaste de medirme a los ciento cincuenta centímetros y que te fuiste sin permiso hace mil años luz.

Aunque no te perdone tu huida apresurada, que sepas que estamos empatados porque tampoco yo estuve atento a mostrarte lo grande que soy gracias a tus bases a lo alto que soy con mi mierda de estatura y a que fuiste tú quién me enseñó a que amar sin nubes no sirve si sólo de aquellos cielos limpios te enamoras.

La grandeza de lo sencillo, de lo fisquito. Lo más alto y los más profundo siempre, siempre contigo.

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