El castigo a mi cuerpo por intentar purgar el alma.
Sin brillo y taciturna se encontraba.
Carcoma y cardenillo en las uñas
Filoxera y herrumbre en su mirar.
Sin permiso para la tristeza gris y con sabor a hiel
Cinco inviernos desde entonces y aún el betún mate sin lustro.
Y es por lo que dicen, supongo, la suerte que tengo,
que sigo castigando mi cuerpo para ver si mi alma cura.
