A la altura

No sé si estar a la altura merece con tu ausencia

y si crecer aunque no sea de alto valga la pena.

Sigo pecando de bueno cuando creo que me ves por ese agujero que creaste en las noches de patio en el cielo y cuando no, me parto la realidad aun con el diablo en celo.

No sé cómo esperarte si se tan lejos se fue tu esencia

y ver estos dos años como unas mil decenas.

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Éramos tres hermanos y según las pintadas en la pared cerca del bastidor del salón, incluso el Sr Holmes, hubiera deducido que nos llevábamos poco entre ambos.

Las marcas de lápiz, bolígrafo o rotulador de color aún se veían tras el paso de tantos años en aquella casa vieja que nos vio nacer, crecer y nos enseñó a ser. Una marca seguida de un nombre, una fecha y de unos centímetros daba credibilidad al paso del tiempo. Eso sí eran arrugas contrastadas tras el paso de los años y no las actuales patas de gallo, estrías o canas, signos inequívocos del deseo de ser mayor y de alguna manera estar a la altura para ellos.

La pequeña vivió con los dientes picados y fue la más pequeñita de estatura siempre. Un chico de pelo negro y nariz afilada era nuestro hermano. En el año noventa incluso siendo el mayor midió diez centímetros menos que yo. Mis burlas llegaron al infinito y con el paso de los años he visto que me equivoqué al reírme.

Verme castigado al irte sin que supieras que, incluso siendo chiquito y ser complicado a la vista, tortura del que se mofa con antelación absurda, hoy me siento grande a sabiendas que dejaste de medirme a los ciento cincuenta centímetros y que te fuiste sin permiso hace mil años luz.

Aunque no te perdone tu huida apresurada, que sepas que estamos empatados porque tampoco yo estuve atento a mostrarte lo grande que soy gracias a tus bases a lo alto que soy con mi mierda de estatura y a que fuiste tú quién me enseñó a que amar sin nubes no sirve si sólo de aquellos cielos limpios te enamoras.

La grandeza de lo sencillo, de lo fisquito. Lo más alto y los más profundo siempre, siempre contigo.

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Febrero

Tu presencia me convertía en lo que era y sumando ahora tu ausencia me convierte en lo que soy.

Más daría este día o cualquiera por el de ayer para que aparecieras.

Más daría por tus besos, por tu agua brava, tus gestos, porque te rieras.

Aun creyéndome mejor volvería a ser gordito, a enrojecerme al hablar, al tropezarme al cruzar, a no saber nadar, ni haber sabido de palmeras, ni de lunares, ni de chocolate y menta…mierda…volvería a peinarme con la raya a un lado, a tener la piel limpia y el alma sana por aquellas noches, volvería a no saber de nada porque estuvieras y no te fueras.

Contigo fui y ojalá por la gloria del puto dios pudiera seguir siendo contigo aunque sea hoy, un poquito más yo.

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Los nuevos 27

Al final lo consiguió a los cuarenta y no a los veintisiete.

Nació con la música a sus pies. Padre trompetista, rendido bohemio a su madre voz. Nanas de cuna con sabor a rock y blues, a Jimi Hendrix y Janis Joplin. Ese Talbot Horizon con pintadas floreadas y la revolución de unas manos tatuadas con tres puntos agarrando el volante. Él vivió su infancia en el edén de aquellos que enseñan magia sin darse cuenta.

Me volvió loco con Blew, con Smells like teen spirit. No paraba de idolatrar a Nirvana. Con sólo quince, mis padres ávidos y hartos de dinero intentaban, una vez más, comprar cariño, y  nos ponían en el “Unplugged in New York”. Kurt Cobain, estaba al lado de los dioses, cercano al infierno del grunge, envolviéndonos. Y…unos meses después…se iba sin pedir permiso. Cabrón.

Así, mi amigo, se dedicó a querer seguir los pasos de aquellas leyendas de la música que a sus veintisiete jugaron tan alto que allá abajo están. No hubiese entrado en ese selecto grupo por su sentido musical ya que tenía el ritmo guardado en el bolsillo de su vaquero roto pero aunque me jodiera reconocerlo, porque pudiera perderlo, era mago con el juntar de sus letras, creaba bailes, y por ello sí hubiera podido estar.

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Esperó a la edad de los veintisiete…y no murió… y gritó por saber que Diego Caler no lo incluía en su Club cuando hubiera preferido leerlo al lado del el puto diablo, así hablaba, con el culo en llamas.

Pero… sí murió…y fue a los cuarenta.

Los nuevos veintisiete como me prometió que los definiera, fuera el año que fuera. Fue inverosímil porque sólo hizo falta una mujer para que conociera el desencanto, la angustia y la rabia para descuidarse y aventurarse en caminos de rayas blancas, de negrinis y de noches que empataban con otras noches frías.

Aquí estoy, a su lado de nuevo, en su despedida, con mucha gente que llora su pérdida y yo con una sonrisa ya que pude conocer a mi alma gemela, a él sabiéndome yo, y ambos uno, porque después de todo era lo que yo y él queríamos, la mala vida y que esos cuarenta fueran los nuevos veintisiete.

 

 

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Geravel

Semana sí y la otra tampoco, físicamente juntos y sin estarlo, respectivamente así vivíamos y es que es una suerte encontrarte con alguien que riegue también…tan bien… los geraveles.

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La excusa perfecta era cualquiera, el momento idóneo siempre era el que fuera.

Llamadas, mensajes de humo, aullidos en silencio o gritos de risas. Tabaco y café en sus labios, su aroma, sus miradas, sus caricias.

Comprarla con belleza, dinero, con magia o con inteligencia, con los Beatles aprendidos de memoria para ella o con rayas finas… eso era imposible… aquellos que lo intentaron y aún insisten nunca sabrán, que aun obteniendo algo, que no más, sería su cuerpo, jamás podrán pagar el tiempo y es que ella…ella era un reloj de arena.

La semana que no, al abrir la puerta de casa me la encontré con la regadera amarilla cuidando de los geraveles. Aprovechando que Bon Iver cantaba alto y no escuchó mi entrar, fui a buscar su cintura, su espalda, sus curvas…y la pellizqué y se sobresaltó, y la asusté y la regadera amarilla llena de agua calló al suelo y nos resbalamos y nos caímos…y tras el éxtasis de las risas y de las miradas de gilipollas enamorados, nos follamos.

– ¡Sorpresa!- me dijo

– Pero pizco,¿ ¡no es la semana que sí!?, ¿ por qué estás aquí?- imagina hablar siempre con los ojos vidriosos y la baba en la boca, así, una vez más le contesté.

– Sólo quería regar nuestros geraveles bobo, que sé que eres un desastrito- me tiró de las orejas.

Regalaba tiempo, porque lo era. Para mí no había mejor envoltorio que ella, que sus susurros, que su perfume, que su pícara sonrisa de soslayo con su mordida de labios…su presencia. Un orgullo poder contar mi suerte.

Un día construyendo un futuro juntos a base de paranoias, vinos, divagando con lo mundano y ordenando la locura le conté una de mis tantas tonterías con la esperanza que nuestro jardín vertical floreciera.

– Geranios y claveles amor, ¡¡geraveles!!- dije.

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Te juro que lo dije en serio……y sus carcajadas… …su cuerpo doblado de las risas……sus lágrimas de alegría……mi injerto……los geranios y los claveles……nuestros jeraveles…desde entonces comenzaron a crecer imponentes con el sol y la brisa de la tarde al caer.

Porque no hay mejor cosa que cuando consigues que el tiempo pase feliz, el tiempo, ella, con ella o incluso sin ella, que el tiempo pase feliz.

Yo tengo geraveles plantados y espero que me pidas si quieres sentir lo que yo y que ella vuelva a regarlos en casa y que yo te lo cuente…una vez más…geraveles.

 

 

 

 

 

 

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Uña de gato

Las cogí del cielo para cuando quieras
aquellas chiquitas
lunares de día
que la noche iluminan.

Pedí prestadas las que rondaban la luna
aquella finita
de uña de gato
que sonríe brillante.

Las cogí del cielo, las pedí prestadas… tus estrellas.

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Sentidos

La brisa entraba por el hueco roto de la ventana del pasillo y salía haciendo bailar la cortina de la puerta que daba a la terraza. Envolvía a su paso el suelo, las lámparas y la ropa del armario entreabierto. Subía hasta lo alto del dormitorio donde tocaba el falso techo de maderas blancas recicladas y con ese olor zorruno de pino y el frescor salvaje de los dientes de león del barranco me despertaba.

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Los rayos de sol tocaban los cristales del móvil colgante y pegaban coloridos en las sábanas de su lado izquierdo de mi cama. Yo la veía hecha color.

Tocaba el lateral de mi cintura, ahora yo y antes ella. Metía la mano por debajo del pantalón del pijama y me acariciaba la piel, ahora mía, antes de ella. Sabrías que ese lugar prohibido de mi cuerpo es mi preferido, por ser mío y siempre de ella.

La musicalidad de lo sencillo aumentaba en la calma del remanso de paz de mi hogar. El tintineo sutil del móvil, los maullidos de sus panteras, y el seseo de los rabos de gato se asemejaban a su risa. Yo la escuchaba hecha música.

La almohada conservaba el olor a támara en las marcas perennes de rímel. Envidia de ella que tatuado quedó. Qué mejor sentir su olor cada mañana.

Un café indispensable, esos aromas de Colombia con pentagramas y acordes de Pedro Guerra, completaban su figura con el sabor del maracuyá.

Intensidad, locura, alegría, fantasía. Sábanas vacías.

Omar Sy, Yiruma, Banksy, Mújica, si cierras los ojos secas las lágrimas frías.

pompas de jabón buena. sentidos

En este mundo loco yo prefiero volar en alfombras hacia ningún lugar de día y que las noches, incluso aquellas que hagan cambiar de año, al dormir envuelto en sueños me traigan la realidad que alguna vez me merezca. Porque incluso en mi locura cuerda sé que merece la pena la vida, sentirla con los cinco sentidos así sin más, y vivirla….vivirla…vivir la vida.

Pd: Feliz año 2019 amigas y amigos…a correr, chapotear, viajar, cantar, bailar, jugar, conocer, leer…a vivir la vida. Feliz año nuevo.

 

 

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Otro rollo

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