Vendí mi alma al diablo.

Vendí mi alma al diablo.

Pregunté a santos y devotos, a podridos poderosos y a limpios lacayos, a reyes y arlequines…pero nadie sabía dónde se vendían las almas y yo sólo quería cambiar la mía por las suyas.

Una decisión, el cambiar mi alma por algunas, basada en la injusticia de la vida que ha hecho desaparecer a personas que debían ser eternas,  que se lleva hijos y niños y que nos dejará huérfanos a todos de la madre tierra.

Mi alma servirá, eso está pactado ya con el diablo, para que algunos no se vayan y para traer a otros que no deberían habernos dejado.

Sólo que me perdone mamá, mi hermano, mi enana y mis amigos, aunque sé que están conmigo también en esta decisión, me quieren. Siempre he tenido su confianza tácita y cuando no, su beneplácito explícito.

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Quizás sea un acuerdo egoísta, mirar por mi bien y querer retenerte.

Quizás sea un trato prepotente, el querer dominar la vida y la muerte.

Quizás sea un acto cobarde, antes que tu ausencia, no estar presente.

 

Papá volverá. Dejó una preciosa mujer a la que amar, un hijo al que mimar por esos años perdidos y una enana por la que babear por ser la niña de sus ojos.

Pepe Múgica vivirá sin irse. El abuelo de la humanidad, el que nos recuerda la importancia de los cimientos, de la sencillez de lo bonito, de lo simple.

Ara Malikian,  por el baile de su violín y por la locura de sus pelos y Halle Berry, la perfección del creador, intelecto y belleza en su máxima expresión…permanecerán entre nosotros.

El sufrimiento de los que perdimos la presencia de la esencia ya no existirá. Se erradicará todo aquello que hace daño a la vida de los indefensos, que ha hecho tanto mal y que sigue haciéndolo.

Walt Kowalski volverá conduciendo su Gran Torino con Bob Marley de copiloto, Mandela, el Ché y Frida Kahlo en el medio.

Miguel Ángel vendrá y nos explicará el por qué el atributo de su David aparentemente de sangre.

Freud con sus drogas para que Campanilla siga revoloteando entre nosotros y Edgar Allan Poe le dé forma escrita a una historia creada con Teresa de Calcuta , Goytisolo y Gila.

Vendí mi alma al diablo aquella tarde cuando me escuchó hablar que quería matarlo. No puedo soportar que me pisen los girasoles o que el picudo rojo me joda las palmeras. Y siempre hablo de matar, pero un poquito, a aquellos que agreden a lo lindo…matar un poquito dije pero lucifer sólo escuchó lo que quiso y a mí me vino bien.

 

Vendí mi alma al diablo con tres premisas.

La primera matar sin maldad a los que joden a ratitos, que luego revivan y que el tiempo ponga cada uno en su sitio.

La otra dar vida a aquellos que se fueron antes de tiempo, sin despedidas, aquellos que deben ser perpetuos, a los indefensos que viven en mundos inadecuados y que se van y a otros que por azar les toca partir sin más. A los que aún les queda por dar y enseñar.

Y la última, y el diablo así estuvo de acuerdo, a los que me diera la gana con un cupo de no más de cincuenta.

 

Vendí mi alma al diablo porque sólo la tuya vale la mía y merece la pena que sea conocida.

 

 

 

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Un acto de rebeldía.

El mayor acto de rebeldía, cuando tú eres tu propia resistencia.

Levantarte contra ti en armas
y poner en duda si no verla significa distancia
o una añoranza medida en galgas.

Una espera rebelde ante su ausencia eterna
o aquella idea romántica del diario de Noa.

vivier a contracorriente
-Te vengo a buscar, aquí estoy cariño- sueño con su vuelta.

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Aún mi cuerpo instila su fragancia de mujer
que mancha mis sábanas blancas cuando
la recuerdo al sudar con el sexo de otras.
Mi mente canalla la piensa, la imagina, la desea
tanto que al cerrar fuerte los ojos la veo cerca
tocando en mi puerta cumpliendo su promesa.

El mayor acto de rebeldía hacerle caso a nuestro instinto

ser fiel contigo mismo.

¿Te apuntas a nadar a favor?

A contracorriente ya sabemos el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Etiqueta negra

Un etiqueta negra por favor.

Me gusta el whisky etiqueta negra, el mejor. Vaso bajo, ancho, servido por Silvia y con dos piedras de hielo. Siempre etiqueta negra, mi particular etiqueta negra.

La copa que tomo lleva marca pero no por ello es mejor que ninguna. Es buena porque sencillamente a mí me gusta. Quizás esté valorada por los expertos como excelente o ni siquiera sirva para hacer un seitán al horno con papas.

Las etiquetas no deberían existir.

Es injusto que te etiqueten por lo que tienes o por lo que no. Una vez tuve tanto que compré hasta una estrella para ella, y ahora con la mente despejada gracias a no poseer casi nada me doy cuenta que las cosas más bonitas y duraderas no son objetos que se puedan tener.

El nacimiento de mi hija, una acampada, una barbacoa y una furgoneta, un abrazo de papá, un paseo por la arena o esa caricia a escondidas debajo de la mesa. Tender la mano recibiendo muchos besos como pago, dar las gracias o pedir perdón, ganar tiempo y regalarlo, cuidarlo, mimarlo…

¿Una persona tatuada y con piercing en la lengua no será abogada? pero… ¿sí skater, surfer o diseñadora?. ¿Tienes que maquillarte, vestir discreta, falda a la rodilla o chinos grises y una blusa de satén asiático para ser médico?… y… ¿para ser rockera?, ¿estar desaliñada, con barba o rímel corrido, pelo desarbolado, pendientes con cruces o sencillamente morir a los veintisiete?.

La vida te da cachetadas de realidad cuando te crees con la libertad de señalar y definir en base a lo efímero.

Un pelo en cresta, unos tacones caros con la etiqueta roja redonda en la suela.

Una camisa con un cocodrilo, un metro ochenta o los noventa, sesenta, noventa.

Un error puntual, un gran pecado…pero me quedo con el gusto por ti, se me olvida lo que me violenta.

Unas cholas desgastadas, una casa de portada de revista o no mirar al pagar la cuenta.

Un ojo “virulo”, ser nesting, de los outsfits de noche, o ir en un Mustang o en patineta.

Un beso a hombres o a mujeres, caminar con ademán o en silla de ruedas.

paternidad

¿ Para qué etiquetar entonces?, ¿ es para darle a todo una explicación lógica y aplacar tu ansiedad cuando sabes que hay cosas que son así sin más, sin razón?

Si hay que etiquetar que sean con etiquetas negras, las tuyas, las singulares, las que cuelgan de camisas, de personalidades, de gafas de noche o de pantalones de franela. Etiquetas negras, donde la tinta leonina de las falsas palabras que te definían cómo eras por tus apariencias, por tus acciones puntuales o por tus tenencias no se vean.

Yo odio las etiquetas salvo aquellas, las mías, las gustosas, las gozosas, las etiquetas negras.

– ¡Silvia, por favor!, lo de siempre: un etiqueta negra.

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Sopa de letras.

Ella no quería otra sopa que no fuera la de letras.

sonrisa niño

Ya apuntaba maneras desde pequeña. Papá me lo decía:

– Tiene un don especial hijo – me susurraba mientras la agasajaba en su regazo.          

La niña creció en un ambiente de artistas caseros, no por mí, claro. En mi familia se estilaba creatividad. Papá se pasaba horas con ella en sus rodillas sólo para escucharla improvisar canciones en “espanglish” cuando él tocaba algún tema de Kurt Cobain o de Janis Joplin.

Ella se entretenía tanto…gastaba tanto tiempo con las letras…Le daba vueltas y vueltas a la cuchara en busca de la pieza que completara la palabra de su puzzle de letras.

Sacaba las letras de la sopa en la servilleta de colores y te regalaba un “te quiero papi”, un “lindo día” o un “sol solito” y la regañina que debes darle a todo nene que parece jugar con la comida se te pasaba.

 – Venga Hadria que se enfría y no me digas más que ya te comes la sopa, que… las palabras se las lleva el viento. – le dije después de que ya hubiera formado cinco palabras con las letras de la sopa.

Ella me miró con el entrecejo fruncido y la boquita de piñón arrugada que torcía ligeramente, a la par que a mí se me caía la baba, antes de comenzar su desarrollo digno de Ilustres Ignorantes.

– Papi, ¿cómo que se las lleva el viento? Las palabras están en la sopa, ¿es que no las ves? – en la edad de la pantalla de plata hubiera sido una estrella o si hubiera participado en The artist hubiera acompañado a Jean Dujardin como mejor actriz en los premios Oscar.

– Hadria, es una expresión utilizada en el mundo de los mayores y viene a decir que las palabras si no se acompañan con hechos no sirven de nada y se van volando al aire y ahí quedan.- expliqué.

– Bueno…no lo entiendo papi. Pero quizás mejor que estén en el aire. Aquí en la sopa a veces me cuesta encontrar lo que quiero. Imagina papi…imagina- levantándose de la silla y poniéndose de pie en ella, con los ojos chispeantes y elevando los brazos, mirando hacia el cielo, prosiguió.

– Imagina papi que en todo este aire hayan flotando cinco mil millones de millones de palabras. Sería tan fácil cogerlas y hacer canciones. Seguro que es así como se hacen las canciones.- comenzó a reírse a carcajadas.

– Hadria baja de la silla que te caerás cariño. – cogiéndola de su cinturita la senté en su silla.

– Pero papi…yo no las puedo ver.- se puso triste y le cambió el semblante.

-Tranquila nena que verás que como formas palabras con la sopa podrás dedicarle una canción  al abuelo cogiendo palabras de las que se lleva el viento, las verás pronto, más pronto que tarde, confía en mí. Están ahí bailando en el viento, continuamente susurrándonos, sólo hace falta un poquito de tiempo para que puedas cogerlas.- le comenté con ternura.

– Cierra los ojos: tú cantarás y abu con la guitarra. Será en un gran concierto y cantarás para muchos y ellos tararearán las canciones que tú haces con las palabras de toda esa gente que parece que se las da de mala gana al viento. Harás del vaso medio vacío, magia. Será como cuando fuimos a ver a Dani Carbonell en el Sur, en cholas, ¿te acuerdas?, gritábamos:

era tu historia, se cruzó con la mía,

tanta gente, tanta gente ahí fuera

y coincidir aquel día” – canté.

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-Papá estás loco.- dijo entrecortada por las risas abrazándome.

Yo también pesqué de chiquito en la sopa de letras. Saltaba salpicando en charcos, mi pintadera simbolizaba mis siete chicas y me batía con pencas de tuneras en duelo por ellas, miraba las estrellas de noche en el patio con papá y pensaba que eran luciérnagas esperándome. Aprendí que hay frases dichas que ahí quedan como la que decía mi mamá “no te comas el bizcochón caliente que te pones malo” o la frase que me dijo ella “240 peldaños y 200 metros de arena fina…tiempo, letras y una vida”. Y fue mi mamá, también ella, mis libros y mi música los que me enseñaron a ver real danzar las palabras en el cielo, aquellas que supuestamente se lleva el viento y a seguir creyendo como un niño en lo bonito de la inocencia de este rico mundo.

Ella desde chiquita creaba palabras a partir de letras en la sopa y hoy coge las desterradas, aquellas que decimos que se las lleva el viento para crear canciones para cantantes como Von Smith.

Tienes un don, sólo abre los ojos y mira, y cree, y crea…

crea en tu pequeño mundo uno mejor,

dale la vuelta a la tortilla y verás que a tu alrededor al final…

todo brilla.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

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Lo dejó.

Lo dejó.

Dejó los hombros donde se refugiaba

y donde dormía sin miedos.

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Dejó su espalda desnuda, arañada,

para otras con sabor acedo.

Lo dejó.

Dejó el corazón en su gaveta

envuelto en pétalos de girasol.

Dejó de jugar al sí con la zeta

y comenzó a hacer el bien sin yoyós.

Lo dejó por haber llegado tarde,

ella volverá y … que el tiempo y él aguarden.

 

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69

No es sexo.

sesenta y nueve

Como si colocaras la última pieza del puzzle. La que encaja a la perfección, con satisfacción.

¿Has sentido la simbiosis perfecta?. Tú y yo pensamos lo mismo. Anémonas y cangrejos.

Acostado boca arriba me encontraba disfrutando de sus besos, de sus caricias de sus arañazos quinceañeros y algo le ocurrió cuando me hizo dueño de su cuerpo.

– Haz conmigo lo que quieras- me dijo poseída de pasión.

Nunca supo que para mí era la diosa del éxtasis y de la sencillez, de la cal y la arena…

Nunca supo que para mí tenerla sería el culmen, sin pensarlo, de mi vida sin condena.

Acostado con sus manos en mi cara, agarrándome, comiéndome…la oriento hacia mis pies…del revés.

 

 

No es sexo.

¿ Has cruzado miradas donde no hacen falta las palabras ni los gestos? ¿ sólo el brillar de sus ojos canelos?

Dos fuerzas opuestas y complementarias, armonía, equilibrio, bienestar, fortuna, combinada con las sombras lógicas de la vida…pero que el 69 corregía.

Ya tenía su entrepierna en mi boca y ella la mía y de éxtasis comenzaba nuestro juego, mi perdición, mi maldición, mi locura…su maestría. Sus movimientos, su brujería… nuestra algarabía.

– Sigue cariño que me corro- entendí que decía con la boca llena de pecado.

Nunca supo que, después de casi mis cuarenta años, su sexo, su cuerpo, su ser era lo que quería para el resto de mis días.

Nunca supo que hacerme viejo con ella, cuidarnos, embebernos, fuera mi anhelo. Desde ese momento sus quieros yo los compartía y sus deseos, fiel, los cumpliría.

Acostado seguía, y agarrando esa cintura de avispa con caderas de corazón, con fuerza, me introducía en su intimidad así como ella en la mía…ella me apretaba y me pedía…yo le daba…su mandato mi objetivo…no dejé nada al azar, nada en el tintero y así lo sintió cuando corriéndose con mi nombre repetía.

No es sexo.

Va más allá de una comida…va más allá del sudor tras el culmen de un grandísimo polvo.

Hablo de 69 momentos, segundos, minutos, horas, días, años…que me gustarían darle a ella por ser mi bruja de aquella noche de perseidas y luna llena y yo querer ser para ella días y sombras con nubes y despejos.

– Te quiero- me decía. Como un te amo, tabú para ella, por haber sucumbido a hombres malos que no la merecían.

-No tengas miedo cariño- yo le decía enamorado hasta las trancas.

Palmeras en la nieve, un yin y yang, un buen sesenta y nueve.

This-Might-Be-The-Most-Dangerous-Sex-Position

No es sólo sexo un buen sesenta y nueve…va más allá…mucho más allá.

Ps: te amaría toda la vida pero también, puntualmente, te daría lo tuyo y lo de tu prima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿ Estás de coña?

Las lágrimas corrieron por sus mejillas terciopelo,

tras tratarla sólo como cabría, una mujer modelo.

La mujer de mi vida, me la hubiera comido a besos.

De cañas y aceitunas, ella sin ellas y tampoco con aquéllas sin hueso,

arreglábamos el mundo a nuestra manera, pero hoy tocaba ella.

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¿ Estás de coña?

Deja de llorar o mejor llora a rabiar

olvidarte de ti como mujer motivos da.

¿ Estás de coña?

Solamente miras pero no ves,

una persona, una mami, sobre todo una mujer

que deja con su magia el mundo del revés.

¿ Estás de coña?

Tu perfecta silueta y tus curvas alocadas,

tu estatura chiquitita y tu mirada achinada

embrujan almas que al final resultan robadas.

 

 

El llanto cesó por su rostro y una sonrisa esbozó.

Tras nuestro abrazo fugaz, hablamos de diez minutos nada más.

sentí que había vuelto para quedarse, sin olvidarse de sí, como ser.

Porque y no estés de coña…

no se puede ser madre sin sentirse mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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