Lo dejó.

Lo dejó.

Dejó los hombros donde se refugiaba

y donde dormía sin miedos.

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Dejó su espalda desnuda, arañada,

para otras con sabor acedo.

Lo dejó.

Dejó el corazón en su gaveta

envuelto en pétalos de girasol.

Dejó de jugar al sí con la zeta

y comenzó a hacer el bien sin yoyós.

Lo dejó por haber llegado tarde,

ella volverá y … que el tiempo y él aguarden.

 

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