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Deja tu pan en la Talega
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Me preocupa
Me preocupa…y vértigo me da.
Hoy, tras despertar y no imaginarte a mi izquierda.
Hoy al bañarme con agua caliente y no leer tu mensaje en el espejo encriptado.
Todo el día con nuestra música… y hoy… ésa… sólo era mía.

Es como zambullirte en días calurosos de invierno en el mar de la Restinga…dejando de palpitar por segundos.
Es como respirar el amargor en noches perras disfrazándote de diablo….dejando de respirar profundo.
Me preocupa volver.
El perder la costumbre de sentirse libre, sin la ausencia presente, sin un amor de porcelana fina, sin las sorpresas a cada poco de las muñecas rusas que dejan a los valientes convertirse en marionetas vivientes.
Me preocupa olvidarte pero bienvenido sea si así puedo seguir volando aunque el vértigo me pueda.
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Deconstrucción
Una noche fría.
El querer ser en momentos inadecuados fue lo que llevo a esta cena de despedida.
Pero no hay mal que de por bien la sombra te cobije, o algo así era, cuando el Ser y el tiempo de Derrida, se mezcló con ella, la copa de tres texturas y Adriá entre medias para corrernos de gusto con la aparente dessert de tres chocolates de sabor a tortilla de papas.
Plato deconstruído y la noche comenzaba a tomar temperatura….

…y es que…
¡ cómo podríamos dejarnos escapar aunque lo nuestro estuviera alejado de lo común mundano!
¡ cómo desprenderte de le piel que da aroma al cuerpo que habitas!
¡ cómo sería ese último beso si son aire y si es que si por morir fuera elegiría follando con ella!
Y la noche se despejó con la luna de uña de gato.
Contigo pan y cebolla porque desmontamos mitos y fuimos valientes al exponernos ganando con valentía la batalla al miedo.
Pero que sepas que no todo será un jardín de geraveles, o eso se dice, cuando vengan las épocas sin chocolate y mente, sin nada o sin casi todo, sin aguacate…
Ahí será tiempo de recordar esta cena deconstruida, deconstruídos, todos y cada uno, porque la magia de la vida está en ser…saber…estar…deconstruirnos y amar, sobre todo:
amar.
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Ni más ni menos.
Extravagancia, controversia, desaciertos, caprichos, Los Caprichos, Ni más ni menos, de la vida.
Él se enamoró tras conocerla en el Prado.
Ironías del día a día, contemplando la sátira que Goya hizo para combatir el absurdo y el vicio de la condición humana, cruzó su mirada con una mujer de tez triste que acompañaba a un hombre deleznable.
Paradojas consumadas, ella sumida en una relación de pareja de conveniencia, sin amor, sin sexo, el onanismo de un hombre sólo y la búsqueda de respuestas de ambos en las estampas del museo, coincidieron con fortuna para salvar sus corazones en espacio y tiempo.
Vicios, servicios de mujer, vanidad y hombría y la pereza de no creer en la valentía de su valía la congelaron durante unos cinco, ni más ni menos.
Bondades merecidas, tras conocerlo a él, y compartir confidencias, cafés bien entrada la mañana, quedadas a escondidas y lujuria de madrugada pudo coger aire, caminar descalza y saber que al final todo siempre sale bien.
Pero la sensatez de lo que toca, yéndose, lo rompió, confirmando su etiqueta de hombre de transición, caprichos de la vida.

Y ni más ni menos, pasados mil días que le dieron calma y sosiego al creerla olvidada por hacerlo algunos segundos cuando dormía, volvió, ni más ni menos, reflejada en un mensaje antiguo impreso en el espejo oculto sin el vaho del agua caliente de la ducha que le decía: estás más bueno que el aguacate y el chocolate y menta. «Putabida»
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Por suerte
Muchas más veces
que aquellas que hubieron a veces
comencé a no echarte de menos.

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Luz propia
Los lunares al Sol dejaron de estarlo siendo el turno de la Luna, pero esa noche tocó nueva…

Y con la noche oscura aprendió sin querer:
… que ella ilumina y encandila con luz propia.
…que siempre todo sale bien y se coloca
… Y que… sus lunares…
ahora, siguen siendo estrellas del cielo y nuevas en la tierra que alocan.
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Despacito
A las heridas, tiritas,
y al alma, una nueva vida.
Las bocanadas de aire más frescas son aquellas que envolvía en rayas blancas para aplacar su ausencia.
Tenerla cerca ya sólo era sólo sexo, un sorbo de agua en el oasis de su desierto seco.
Los dedos en la piel que habita.
Y Mima… y besa… pero despacito.

Cuesta volver a confiar en manos ajenas incluso siendo las suyas las que ahora le tocan.
Las risas y las lágrimas con su ausencia son ahora amargas como el gusto que dejan las noches canallas si lo folla.
No se dio cuenta y moría en vida.
Pensándola, anhelándola, espera que cultivaba caprichosa tocando su puerta.
Despacito lo curó… pero ese mismo tiento volvió a rasgar su ropa, ésa que volverá a remendar con paciencia y ojalá tras ella…ésta..ésta sea la última vez que suceda.
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Suerte de Marzo.
– Lo que no me ha dado Marzo en estos casi treinta días, aun faltando uno, incluso dándole una tregua nueva de treinta y uno, no me lo dará jamás– quejándose se entristecía.
En la noche, entre vinos, mirándola tras la cortina, sin sobresaltos, ante el cruce de sus miradas, pudo leer en los labios de la gitana en la calle de su Señora de África , a principios de año, que algo magnífico le sucedería en Marzo.
Y la creyó.
– ¡Marzo decía! ¡ Una puta mierda!– decía él convertido en quejica profesional.
Yo veo y siento y vivo cosas como éstas sin que los demás me conozcan…sin que yo pueda mediar.
Pienso y siento y actúo para que ojalá llegue porque si no, no entiendo por qué escucho sin querer, a los demás.
La gitana me llamó con ese agitar de hierba huerto el día que le aventuró a aquél chico la buena nueva. Y desde entonces y hasta hoy, que se cumple el plazo, el jodido capullo no se había dado cuenta que su suerte ya la tenía incluso antes de aquel encuentro y por supuesto seguiría teniéndola después de aquel límite en la fecha.
Él era una persona afortunada.
Tenía familia de sangre y elegida, era rico de espíritu y de sonrisa, de pasión y vitalidad. Llenaba rincones vacíos y calmaba las tertulias guerreras siempre que se terciara. Música siempre, libros en la merienda, soledades elegidas y compañías más que lindas. Tenía la piel hidratada, el pelo alborotado y caminaba en cholas. Soñaba despierto y dormía tan Plácido como Domingo. Tenía café de Kenia, aguacates, gominolas, cerveza y agua. Se despertaba con el cantar de los pájaros en el lado izquierdo de su cama y con el multicolor de los geranios en la terraza. Era fallón, despistado, tozudo, gruñón, malhablado, tenía alergia a los ácaros, paticorto y patizambo…y más.
Era una persona afortunada.
Su fallo era que siempre se centraba más en lo ajeno para llenarse de felicidad y la esperaba a ella antes de finalizar Marzo cuando ni siquiera ni un rejo de las hojas de la sombra de las palmeras le rozaron nunca de veras su piel.

No importa el tiempo ni el lugar. Nunca será el adecuado, o tarde o muy temprano, o lejos o muy cercano, siempre que te dañes, si no te mimas, si no te cuidas, si no partes de tu interior para buscar esa suerte zarandeada de hierba buena aunque estés más bueno que el chocolate y la menta.
La suerte es tenerte, ni lo que tienes ni lo que perdiste o esperas, tu suerte, ni más ni menos, es, sólo, lo que eres.
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Isi, y si…
– ¡Isi…Isi! ¡joder! – lo saludó con lágrimas en los ojos y se abrazaron durante tanto tiempo que el llanto de ambos se secó al aire y terminó cuando las fuerzas de sus brazos se rindieron.
– Néstor gracias…gracias por venir– le contestó después de tanto tiempo sin verse agarrándole la cara y dándose un beso.

En los alredores del tanatorio de Tejeda las flores de los almendros rompían de blanco a aquel atardecer ocre, el viento ausente dejaba paso al sonido dicotómico de las risas y los llantos por la muerte de su papá.
Lo único real era que el mismo día, en el mismo mes y hacía dos años, a Néstor también se le había muerto su mamá. Veintidós de Febrero del dos mis dos. Dos. Dos.
– Néstor…le dije a papá que iba a ser abuelo…y durante sus meses de enfermedad él sonreía al imaginarlo porque se babeaba con Nani porque como decía él..»Nani era…¡guapa guapa! y gracias a ella Néstor mi nieta saldría como su mami: ¡guapa, guapa!»…jejeje…y nos partíamos de risa- se sinceraba entre sonrisas temblorosas de dolor.
– Pero…Nani…tú…– dudó Néstor.
– Sí, se fue en el peor momento…bueno…en el mejor momento…yo qué sé…se fue, se fue– se explicó apresurado Isi.
La vida pasa…y pasa de todo lo superfluo, de lo irrelevante, de lo insostenible, de lo controvertido, de lo difícil de explicar sin utilizar no más que las miradas, ese olor a támara o ese sexo con reverencias.
La vida pasa…y pasa de aquellos y de ellas que ponen como excusas al tiempo, cuando no saben que coincidir cuerpo y alma, con el reloj de arena en hora y entre tanta gente, es lo único que importa.

– Pero Néstor, siempre papá creyó que iba a ser abuelo, porque como sabes, la verdad absoluta para él la daba sólo y sólo si se repetía dos veces la misma palabra, y yo le repetí mil veces por dos que iba a ser abuelito- seguía con la mirada chispeante contándome apasionado.
– Sí, Isi, lo recuerdo. Recuerdo sus axiomas: feo, feo…era tarjeta roja, roja, roja…¿los Gigantes? eso es sur, sur, sur..– explicaba entre risas.
– Y cuando hablaba de Nani…lechuza de luna llena, embrujo del sonido de las olas, olor a salitre, vaivén de las brasas del fuego…hablaba de: Nani, Nani guapa…guapa, guapa. Dos veces, y ratificaba lo que era. Lo que era- divagando seguían entre el tumulto y las controversias en el velatorio.
La vida pasa y lo única verdad absoluta que existe será aquella que te salga si la repites sin querer dos veces al viento, dos veces al viento.
Prueba…
Nani, Isi, papá y Néstor hicieron de esta una bonita historia, una historia bonita.
pd: ¿Isi, y si repetimos dos veces que nos queremos?
–
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Carnaval
Un Martes…cedió su cuerpo previo al Miércoles de ceniza.
De noche secreta…le habló de ese sentido te quiero.
Deidad femenina,
firme como el acero.
![feliz-y-triste-0[1]](https://latalegadepan.com/wp-content/uploads/2019/03/feliz-y-triste-01.jpg?w=640)
Un vino…de marmajuelo y malvasía en la copa color pajiza.
De disfraz vestía…sus ojos llenos de deseo como luceros.
El pecado pedía,
que ardieras en el fuego.
Pero…
…bien merece la pena aguantar el dolor de cabeza tras los saturnales,
gozoso, lujurioso, jocoso, gracioso tras sentirla por última vez cerca,
cabrona que me llena de sombras de palmeras
y su ausencia ahora con su cuaresma tras los carnavales.
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