Tabú

Shhhhhhhhhhh…no lo digas, no lo sientas ni lo pienses, para, no lo hagas, no actúes, no es lo correcto…shhhhhhhhh…calla.

Me la come lo cotidiano, me da por saco tener que llegar a tiempo en un mundo tan apresurado ¡qué agobio!

Una conducta moralmente aceptable en mi tierra puede ser una herejía en la tuya, una bazofia o una utopía, como cuando en el setenta y nueve nos hablaban de un viaje al futuro del dos mil diecinueve, tan inverosímil pero ahora tan cercano.

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¿Sabes? Yo con mis cuarenta años, con la piel recién tatuada y dilataciones sencillas…sin ser revolucionario a lo Janis Joplin…te diré que aún conservo mi pequeño coche lleno de mierda, con cáscaras de naranja y los sillones abatidos para meter la tabla de surf. Que vivo sin lujos, no por resignación sino por convicción. Que visto con pantalón corto y cholas y que prefiero el frío sin abrigo con el calor de tu compañía en el Café siete que toda la comodidad de amores cotidianos.

Hasta los mismísimos de ser fracasado en Europa y un crack en Sudamérica. De no tener mi diploma por no ser homologado por un erudito con batín, catalogado apto para decidir en tu sociedad sobre mí cuando quizás mis pilares se forjaron a fuego lento y no como aquellos hechos de pajuelas y mamadas, de frases dichas y parrafadas, de chaquetas y corbatas, de simple imagen asquerosa sin importar la valía de una esa persona que por muy mohicano que se su peinado vale oro…vale por mil

¿Sabes? Yo con mi madurez recién cumplida, canas de aderezo y las ganas de trancarte intactas…sin pretender que me creas Kurt Cobain…te diré que no tengo sino que siento, que más me vale un vino o cristal en la copa en tu compañía que lo que puedas ver cuando te invite a mi chabola y esté ausente de lujos del primer mundo. ¿ Qué prefieres?  La imagen de una playa de revista en  la otra parte del planeta o nuestro hogar a doscientos cuarenta peldaños con doscientos metros de arena en ese lugar que nunca te faltará de nada.

Estoy saturado de tener que llegar en hora, de estudiar cuando toca y de lo material para los hijos que añoran a su padre divertido y alocado. Estoy con mi vaso colmado por esa gota del tener a toda costa en el momento oportuno, estudios a los veinte, una familia unos años más tarde, casa, coche bonito, televisión, viajes en pleno agosto con todo incluido, para luego seguir trabajando sin más, dejando pasar el tiempo hasta que cada etapa se suceda como debe de ser, contando con la suerte que nada ocurra más que el devenir del pasar el tiempo.

No llevo los tempos de mis horas, no me junto con los puretas aburridos de mi quinta, aquellos introvertidos, cotidianos y mundanos que tienen tabúes en esta vida que a mí no me sirven más que para convertirme en un mero espectador de este mundo que necesita más derrapes en curvas angostas y menos velocidad de crucero. ¿ No crees que podríamos dejar nuestro sello único en este mundillo maravilloso y que cuando desaparezcamos y sople el viento la naturaleza nos recuerde como algo bonito que pasó?

Javi, un abogado de renombre en Madrid, y él un mindundi coincidieron después de años en la noche de reyes y contándose sus vidas, él, exitoso, lloró al contarle el otro la suya, llena de tiempo libre y de calma, sin riquezas y llegando limitado a final de mes, sin canales de pago ni un cochazo esperándole en la recepción del hotel. Le habló de tranquilidad y sosiego, de paz y de ausencias de tabú y  se abrazaron y de llantos ambos se llenaron. Él tenía pero de nada sirve sin ser, sin creer, sin vivir.

Me encanta aquellos que con poco se gustan, que no reclaman ni piden, que viven sin más porque el mañana es incierto y hoy es lo que cuenta, sin miedos, sin excusas.

¿Estarías dispuesto sabiendo que mañana perderías el amor de tu vida a no arriesgarte ya? Eso es lo que puede pasar, que el mañana ya no venga así que aprovecha hoy ya que a la mano lo tienes.

Shhhhhhhhhhhhhhhhh…..que de gritos sordos este mundo se llene…shhhhhhhhhhhhhhhhh….que aunque parezca que camines al revés cangrejo, avanzas y sé que puedes, ¿por qué? porque, obviando los tabúes,  porque quieres mi pizco, y cuando quieres puedes.

 

 

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Una semana más.

Una última semana era lo que necesitaba para olvidar.

Un pacto mudo entre ambos, lícito pero sin firma.  Una semana me quedaba después de unas cuantas más atrás para restar rabia, rencor y odio por no tenerla, por no poder estar con ella.

Le pedí una semana de tregua más porque estaba seguro que tras ella, la semana, mi manera de quererla a ella, a Ella, cambiaría y ya no sufriría con sus ausencias. No podía quererme a mi manera. Sabía que me amaba pero su amor no se ajustaba a las reglas de mi juego.

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Una buena amiga decía que se ama pero que el amor es un concepto particular y utópico creado para generar confusión. Cada uno ama a su manera y con sus circunstancias espléndidas . Yo no sé si será cierto lo que dice mi amiga pero quizás le da sentido a mi petición. Una semana más era lo que quería para alejar mi corazón de nuestra conexión estelar. Y no lo decía yo, lo decía ella, que eramos como el chocolate negro y la menta, como el trazo de la pluma en papel verdugado o como la lejanía de la playa separada de casa a tan solo doscientos cuarenta peldaños de distancia.

Pero la vida se antoja caprichosa a veces y cerca del final de la cuenta atrás me pide que me acerque y le permito ser mi canalla doncella. Me sonrojo al recordar los detalles de esa noche de simbiosis que no contaré. Una gran mujer a la que todavía amo, por lo menos una semana más al poner en esa noche el reloj a cero,  aunque cerca estuvo por segundos de perderme eterno.

La semana comienza de nuevo, esa que me ayudará a deshacerme de su magia o esa que le permita a ella darse cuenta que merezco la pena.

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Rabiemos

Grita. ¡Mierda!, ¡joder!, ¡odio el mundo que me rodea!

Llora. Que los párpados te piquen y que no paren de correr tus lágrimas.

Patalea, aprieta los puños, rabia e incita al mismísimo diablo con tu  grosera verborrea.

Ya va siendo hora que uses tu derecho a sentirte mal porque la verdad, la vida , puta vida, no te ha tratado bien, nada bien.  

Déjame acompañarte. Rabiemos.

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Hoy toca cena sin hora de llegada a casa y que nos cuide Dios si tiene huevos. Ponte tu pantalón pitillo negro, el de cuero, tu camisa escotada rasgada, y las botas altas de los conciertos de rock. No lleves dinero que pago yo y al carajo con los teléfonos. Tus labios rojos y tu pelo al viento, ese collar de Nefertiti y sólo una cruz, sin pulseras. Desgarradora. Yo iré igual, de negro completo, ambos dejando entrever nuestros abismos internos.

Hablemos largo y tendido, comamos, riamos y lloremos, bebamos y droguémonos. Te sigo en las penumbras sin dudarlo en tu día de furia. Enséñame cuán oscura está tu habitación, tu montaña rusa, tu tiovivo, tus vaivenes…compartamos vagón y gritemos, rabiemos.

Música, baile, saltos, descontrol, sudor y a seguir con las lágrimas juntos. Abrázame y sigue contándome lo mierda que es esta vida, y lo difícil que es seguir adelante, lo complicado que son las decisiones y las verdades.

Y esta noche no te acerques chiquitín. Odiamos a los Mr Wonderful. ¡ Qué manía con ese buenos días de colorines cuando es Lunes joder, es Lunes! Estamos de autodestrucción, ella y yo, la vida, mi vida, porque tenemos derecho a hacerlo, así de simple, porque sí, y punto.

Créeme cuando te digo que, aunque soy pequeñito y blanco de piel, me parezco al negro de la Milla Verde. Puedo, cuando quieras, coger tus problemas, tragármelos y sacarlos en forma de mariposas grises y que vuelen libres, que se disipen para que te sientas libre y así comiences de nuevo.

Confía en mí. Rabiemos.

Pero una cosa más. Yo me partiré el pecho una y otra vez contigo, lo mereces, por encima de todas las cosas, tú y tu magia nunca debieron ser abandonadas.

Pero…no tardes mucho en volver porque la vida no espera, aunque sea en ocasiones injusta, aunque no parezca vida. Cuenta conmigo hoy, y siempre que pueda pero date prisa porque yo…yo hoy…hoy me estoy muriendo.

 

 

 

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Tato Limón

Tato Limón,

su nombre tras conocerla a ella

y su apellido por su dulce amargor.

Tato Limón,

ojos azules y chiquito, pequeñito,

negro, de pelo negro y canas de sazón.

Tato Limón

mi gato de fortuna, de mi alma turbador

mi amigo felino, incondicional nuestro amor.

Tato Limón

tras el otro lado del arcoíris me encontraré contigo

ahora que te has ido sin ton ni son.

Dicen que sólo es un gato y por qué lloras su ausencia… te cuento.

Un nene indefenso, cachorrito, dependía de mi amiga y de mí para comer, para hacer pipi, para dormir. Mil biberones le dimos y… ¡cómo se le hinchaba la barriguita!… si por él hubiera sido habría explotado debido a las ansías con las que comía.

Convivió muchos meses con cuidados de veterinarios, de cariños profesionales y de algarabía, perros, otros gatos, tortugas y alguna que otra hormiga. Estas últimas le hacían dar brincos de lado que me sacaban más sonrisas que Vieira en la Chistera.

Pero al final, fuimos compañeros de piso en mi humilde hogar. No le importó carecer de lujos, pero si de caricias. No le molestó dormir sin franela porque dormía bajo mi vera, abrazándome, ronroneándome y masajeándome el cuello con esas patitas chiquitas. No le importó estar tiempo sólo ni demasiado acompañado…Tato sólo quería un amigo y en mí lo consiguió.

Él no era más zarpeta que yo ni yo más ruinito que él. Pero además, él, me llamaba a la calma cuando las noches se me aventuraban eternas y me reclamaba sonrisas por las mañanas, a mediodía y de tarde mientras pensabas que tus problemas te quitaban las ganas. Nadie compartió conmigo tantos secretos a solas, recogiendo dátiles de sus palmeras ni mis trozos tras su ausencia.

Un amigo fiel, un amigo felino, mi Tato Limón.

La última noche se portó genial, durmió hasta las dos de la madrugada de un tirón, y luego unas buenas horas mordiéndome la cara, arañándome los brazos y empujándome con sus patitas traseras mi pecho. No me dejó descansar tras todo mi trajín del día anterior y cansado, le di una torta y comprendiendo la situación se acurrucó bajo mi cuello y ambos dormimos de seis a siente.

Al día siguiente ya no estaba, su cuerpo sí pero su alma no. Y lloré y aún sigo.

Tato Limón,

su nombre tras conocerla a ella

y su apellido por su dulce amargor.

Tato Limón,

ojos azules y chiquito, pequeñito,

negro, de pelo negro y canas de sazón.

Tato Limón

mi gato de fortuna, de mi alma turbador

mi amigo felino, incondicional nuestro amor.

Tato Limón

tras el otro lado del arcoíris me encontraré contigo

ahora que te has ido sin ton ni son.

 

 

 

 

 

 

 

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La última cena

Noches en el paraíso sin hora

el diablo afilado en el edén.

Cenas que tu nombre decora

no habrá pago ni siquiera con sesén.

La primera o la última cena

y qué no importe el tiempo

sino el bonito momento

de noche de mar y luna llena.

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Salteado de setas y ajo, con apio, cilantro y aceite de oliva con aceitunas maceradas de tres meses recogidos de la huerta. Pinchitos, por si coges la indirecta, de pimiento rojo y cebolla caramelizada, seitán y saram masala, red hot chili peppers, aunque sé que no te gusta el picante al igual que debo evitar la remolacha y…la berenjena.

No es una gran cena, ligera, quizás merezcas tanto o más pero es lo mejor que te puedo dar. Alguien me enseñó un día que si das todo lo que tienes no es necesario más.

Velas, Bon Iver y un escenario que no podremos olvidar. Tímida la marea se acerca a tus pies y salpica de frescura, sal y pimienta, picante y dulzor, las ansias de arrancarte tu vestido ceñido. Ni una nube, ni luces que eclipsen la intensidad de las estrellas, ni oscuridad que atente al brillo de tus ojos, de tu sonrisa, de tu mirada que supongo enamorada.

Déjate llevar que conmigo no peligras. Regálame unas horas que te daré espacio y tiempo para que veas que puede ser así eterno, como si se tratara de la última cena.

¿La única diferencia? es que no sería la última, sino la primera de tantas si te convencieras que merezco la pena.

Noches en el paraíso sin hora

el diablo afilado en el edén.

Cenas que tu nombre decora

no habrá pago ni siquiera con sesén.

La primera o la última cena

y qué no importe el tiempo

sino el bonito momento

de noche de mar y luna llena.

 

 

 

 

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Estúpido corazón.

Estúpido Corazón y aun sabiendo que eres el motor de mis días, estúpido eres. 

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Deja libre de sus girasoles mi mente. Lidiar contigo pensando en ella es injusto al convertirte en un ganador apalabrado. Juegas con chocolate caliente, con domingos de película o amaneceres en playas desiertas, la droga más dulce. Hilaste fino al hacerme probar ese vicio sin cura, escuchar su voz tras las letras, embeberme de su aroma y saber de ella incluso sin nunca llegar a conocerla.

Corazón, dominas tan bien cada rincón de mi cuerpo y de mi mente que en ocasiones desearía que no estuvieras. Sufres tanto como yo hasta que le das tregua al hacer que tu diablillo duerma. No nos merecemos sufrir ilusos porque la realidad va más allá de lo que yo piense o tú sientas. No está ni estará, Corazón, llegamos tarde sin más.

Ahora bien te regalo un pequeño sueño, un pensamiento, participa Corazón, y así calmarás tus ansias de verla. Pero con una condición, sólo si aceptas ondear tu bandera blanca aunque sólo sean los Lunes, los Miércoles, los Viernes y los días de fiesta.

Late fuerte que a la par yo cerraré los ojos y soñaremos. Invitémosla a escaparse en nuestro sueño y que no tema, que aquí no hay fantasmas y si los hubiera estarían convertidos en tréboles de cuatro hojas. La suerte es nuestra aliada en este instante. Un lugar idílico, un hogar, un ático y una habitación con suelo de abedul, alfombra tupida, almohadas para nuestras únicas peleas y edredones mullidos. Un gran ventanal a los pies de la cama por donde entra el brillar del día iluminando sus carcajadas y las miradas con chispitas, por donde los ocres y rojizos del atardecer anuncian una noche con ella de cena ligera, velas, estrellas y cuerpos desnudos  y por donde la la luna y el amanecer se juntan cuando las horas vencen el pasar del tiempo.

Recuerda nuestro pacto amigo Corazón. Y cedo más, si me ofreces algo más de calma chicha. Podemos hacer esto, apagar las luces juntando los párpados y llevárnosla cada día a un lugar que merezca, por lo bello, su presencia. Y de esta forma ni la molestaremos con tu pasión ni mi verborrea, ni nos hundiremos al no poder tenerla entera, tan real y tan mágica, tan nuestra.

Pero pensándolo mejor…no seas estúpido Corazón, sigue coloreando mis momentos y haz que ganemos tiempo a su lado, pensándola, imaginándola, sintiéndola.

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Mañanas 


Un olor, un aroma,

una emoción que asoma. 

Frío, mucho frío, pero su calor, en  cuadros de colores convertido, 

lo desploma. 

Su piel, su silueta…ausentes…su lado de la cama vacío,

sólo el eco se siente.

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Puntualidad

Un puto punto, un suceso,

y por extensión el orden cronológico: el tiempo.

Un puto punto, un lugar,

el instante preciso si llegas en hora, sin viento.

Si antes llegaba pronto, demasiado

Puntualidad mía que irrita.

Y ahora aparezco tarde, colmado.

Puntualidad tuya que aíra.

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Antes llegaba muy pronto, quizás demasiado. Antes del alba, antes de que pudieras darte cuenta que podía amanecer y yo hacerlo a tu lado. Antes de moler el café para tu barraquito con doble de limón y que tu cara agria apareciera risueña. Aparecía veloz, tan temprano incluso que no supieras de mi existencia en tu pequeño mundo de girasoles, tréboles verdes y palmeras.

Más pronto que tarde, como alguna vez te dije, cuando del tiempo te preocupabas. Me indicabas premura en el sexo cuando yo ya te esperaba habiendo saboreado tu piel una y otra vez.

Más pronto que tarde te decía cuando me pedías la Luna, el mar o el cielo de día. Viste que te lo acerqué incluso a sabiendas que tú por ti misma llegarías. O, tus monstruos, cuando te perseguían y te calmabas porque sabías que más pronto que tarde no tardarían en irse lejos ya que a mí me respetaban  y sin más se esfumaban.

Más pronto que tarde incluso en el amor, cuando dudabas de él por haber compartido sincera camas con equívocos. Por lo que me contabas de él, no es que dudaras, sino que aún no sabías que ya tenías el amor en ti y que no dependías de ese maniquí perfecto para conocerlo.

Quise que yo fuera ese pronto, a quien eligieras. Y no fue así. No fue culpa de nadie, salvo mía, al llegar pronto a una cita sin flores y con tus musarañas. Todavía no estabas preparada para conocerme, quizás hoy sí seríamos un gran equipo de caminos llenos y de caminar sereno.

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Pero lo peor es ahora. Hoy ya que llego más tarde que nunca, tan tarde que ni siquiera el hacer temblar tus horizontes valgan para salvar mi impuntualidad. Alguien no tan sabio, al que creí que lo era, me dijo una vez que debía permitirme el lujo, en ocasiones, de no llegar en hora, de disfrutar de momentos de no puntualidad, de sentirme libre al decidir llegar unos minutos tras lo pactado, de relativizar la importancia de las cosas y de llegar caballero ante la impuntualidad con la mejor de las excusas, ninguna, salvada con el equilibrio de una sonrisa eterna.

Tan a deshora llego hoy en día que ella, ni me espera, ni  la veo, ni la toco, ni la oigo, ni la huelo, nada de nada. Pero no me engaño y es que no se fue hace poco sino hace rato, cuando aún yo no había aprendido a llegar a la hora y pasé de llegar temprano a hacerlo muy tarde.

Conocí a ambas, llegando tarde o todo lo contrario. Las últimas se han ido a diferencia de las primeras que siguen conmigo, amigas, sin más. Y aunque sufra de tanto querer y no poder porque ya ellas tienen su vida forjada quizás siga llegando tarde porque es más llevadero la derrota de no poder tenerla a mi manera llegando tarde que la ausencia de aquellas que por llegar tempranito me definieron de intenso sin paciencia.

La única verdad es que no quiero ni llegar antes ni después de nuestra cita, quiero estar en el momento y el lugar adecuados y que por ello me definan como suertudo, aunque, siéndote de nuevo sincero,  mi máxima siga siendo no saber llegar aún en hora.

 

 

 

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Lis (parte 2). Proyecto Once upon a time. (Tati)

– Ufffffffffffff…puffffffffffffff…ufffffffffff…puffffffff– me gustaban las onomatopeyas de mi padre, las imitaba a la perfección.

– Pequeña, mírame, respira hondo. Hazlo conmigo, a mi ritmo. Así. Venga ,una vez más. Coge mucho aire, un poco más y suéltalo despacito mi flor de Lis– así me despertó, susurrándome al oído, tras casi ahogarme con seis añitos al lanzarme, atrevida niña, en aquella piscina honda del hotel de verano.

Estaba paralizada, sentada en el suelo, apoyada en la pared, mirando los paneles informativos de los vuelos, todos cancelados. Con el móvil en la mano y el mensaje amenazante abierto.

Un señor muy amable se agachó y ofreciéndome su chaqueta me preguntó si estaba bien y si tenía frío. Estaba temblando del pánico que me entró y miré sin poder dar respuesta a aquel caballero tan amable. Se fue. Se iban todos, venían otros y cada vez me sentía más ausente.

lis2-2Aturdida comencé a llorar pero inmediatamente recordé los sonidos balsámicos de papá. Respiré lento, profundo, “así, despacito, mi flor de Lis” y pude volver de nuevo a la realidad. El pitido del oído había desaparecido, ya escuchaba la algarabía de la gente, volvieron olores familiares y los colores a las cosas.

Mi café ya estaba frío. Había pasado un buen rato sin control, aterrada. La pasión con la que vivo las cosas me hace tener que recordar las respiraciones de mi padre, aunque a veces no pueda respirar profundo antes de ponerme nerviosa, antes de contestar ante lo injusto incluso en circunstancias desfavorables como en aquella reunión previa a la investidura de Doris como viceconsejera.

– ¿ Sabes qué le digo Sr. Boril? No me achico ante sus amenazas subliminales. No hay poder más grande que el que surge de la verdad sin miedos. Yo y mi equipo Íntegra, seguiremos apoyando la candidatura de la Sta Doris y punto. Y si no le sirven mis argumentos ya expuestos, finalizo con uno que entenderá a la perfección: por, mis, co, jo, nes.– así de fina finalicé mi última reunión en Lima, dirigiéndome a Thann Boril, de todos sabido, exmiembro senderista e introducido por Fujimori en las mesas redondas de decisión nacional.

¿Habrá sido él y su cúpula los que me mandaron el sms amenzante?, ¿ habrán sido ellos los que han hecho desaparecer a Doris? … especulando me pasé un buen rato y de repente un pensamiento: mi familia.

Estaban en España y no corrían peligro. Los llamé pero no me respondieron, ni al fijo ni al portátil de Fer. Ya eran las siete de la mañana y seguro que en España por la diferencia horaria estarían durmiendo. Les envié un mensaje sin generar alarma.

Sé lo que voy a hacer pero no sé cómo. Debo ir a Lima y averiguar qué está pasando. Desde allí ya intentaré contactar de nuevo con mi familia. Mi niña está con el mejor padre que pueda imaginar. Ahora la prioridad es Doris e Íntegra.

Las opciones de desplazamiento son las de siempre: aire, mar o tierra. Los tarahumaras recorren grandes kilómetros a pie para conseguir comida pero esos trotes son desorbitados para mí. Un partido de pádel me bastó, hace unos días, para reconocerme en muy baja forma. En coche o autobús tardaría casi dos días y medio y no disponía de tanto tiempo. En barco casi igual de tardío y la verdad que mareo un poco. La única opción era el avión pero sólo estaban activos los aviones militares.

Claro! Cómo no me acordé antes! Puedo intentarlo con alguien, no se me ocurre otra persona. Pero hay un problema y es que es un hombre, un pequeño ladronzuelo consentido, al que permití llevarse parte de mi corazoncito que sigue teniendo de alguna manera.

«Tenía la costumbre, que nunca he perdido, de visitar las bibliotecas y las librerías para empaparme del olor añejo de las hojas ocres de libros antiguos y del tacto suave de las nuevas obras de actualidad. Tocar literatura, sentirme en otro lugar. Recuerdo que en mi tiendita preferida entraba, a través de una ventana alta con un rosetón dibujado en su centro, rayos de sol que a modo de señal iluminaban los libros que alguien, desde allá arriba, me recomendaba leer.

Ojeando un clásico de Charles Dickens una voz con un hombre como propietario surgió a mi lado.

– ¿ Crees que Tom Sawyer siga manteniendo mis Grandes esperanzas o mejor opto por Carlitos para recuperar mi optimismo?- me pregunta con el libro de aventuras en sus manos. No pude contener mi sonrisa. Me dejó sin palabras, sólo pude reír ante su pregunta ingeniosa con el Carlitos aderezándola y su cara llena de muecas de actor malo. «

abrazo

Así conocí a Miguel, ahora general de brigada del ejército español de aviación, y en aquel entonces mi primer amor. A día de hoy seguimos en contacto a través de las felicitaciones navideñas. Su número de teléfono en mi móvil sigue estando como prohibido. Recuerdo tan bien su olor después del primer abrazo.

No llevaba perfume pero su esencia corporal de piel desprendía una fragancia de hojas mojadas de eucalipto,  vainilla y a ámbar. Iguel, así le llamaba, es de esos hombres que pueden hacer desestabilizar los cimientos de la Gran Muralla China sin quererlo y los míos con Fer son más parecidos a los de las islas de los Uros en el Titicaca.

Tati… tu prioridad es esclarecer lo ocurrido en Lima y tu única opción para ir sin retraso para allá sería intentar contactar con Iguel c0n el riesgo de remover sentimientos antiguos que hicieran, posiblemente, vivir viejos recuerdos. Hoy tienes estas opciones:

1.- ¿ Esperarías a que se activaran los vuelos de pasajeros sin contar con Miguel?

2.- ¿ Contactarías con Iguel e intentarías que te ayudara con un vuelo militar para ir a tu destino?

3.- Cambiarías de opciones al ver que todo se tuerce y te replantearías tu decisión. ¿ Volverías a España? o ¿ intentarías buscar solución diplomática desde Chile?

PERMÍTEME QUE SIGAMOS SOÑANDO a mí, me encantaría.

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Sol Soledad

Sol y de apellido Soledad.

Contraste de brillo y color

y de sepias con su oscuridad.

Estrella de imponente furor

que en presencia días da

y en ausencia la luna deja.

Lucero en el cielo encaramado

que por grandeza queda olvidado.

Ayúdale y dale calor

y no tardará en cambiar

su nombre por el de verdad.

Sol de soles, los que tú le das,

por el de Sol de Soledad.

Hombre de luz o luz de vida así lo llaman cuando aparece.

Dicen que regala tiempo. Por cada grano que se va en el reloj de arena se suman cinco más a la espera de caer.

Hablan de que regala sonrisas, que de fluorescente tu arcoíris pinta y que de grafitis locos tus Lunes blanco y negro crea.

Sus rayos impregnan de amor el camino que su flecha refleja.

Las bocas de quienes lo conoce de halagos se llenan. En alguna ocasión cercana o por más remota que sea, siempre estuvo, está y estará, desapercibido, en el paso de los años por más soledad que tenga

Pero, ¿no crees que el Sol también requiere de tus soles?

Llámalo Sol de soles que eso implica tu compañía eterna.

Camina a su lado entre tus estrellas y mariposas para que deje por siempre de llamarse de apellido Soledad,

ya que por más grande que sea la madre estrella de nuestro planeta,

también necesita de ti para ganar tiempo a tu lado sin importarle lo que venga.

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Ayúdale y dale calor

Y no tardará en cambiar

su nombre por el de verdad.

Sol de soles, los que tú le das,

por el de Sol de Soledad.

 

 

 

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